lunes, 29 de diciembre de 2008

Sibila délfica

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La Siblia de Delfos pertenece a la tradición oracular de la antigua Grecia y la Magna Grecia. Las sibilas eran en los templos de Apolo las herederas de las pitonisas, las sacerdotisas de Pitón, la serpiente que mató el joven dios, cuya belleza simboliza para Miguel Ángel la raíz pagana de su estética.
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La Sibila délfica constituye una de las mejores y más hermosas pinturas de figuras femeninas de Miguel Ángel. Sobre todo por la composición y expresión de la joven que parece volverse hacia el espectador como si éste la hubiese llamado o sorprendido en el momento de su lectura de los textos sagrados. Pero de ese juego de miradas que se establece entre la Sibilia délfica y el espectador surge una tensión de misterio. Una tensión que expermienta quien mira a la siblia, pues sabe que no es él sino alguien desconocido o intangible situado fuera de la imagen el provcador del gesto de la sibilia.
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de Miguel Ángel (1475-1564)

La contemplación de la Sibila délfica dirigiendo la mirada en dirección opuesta a la rotación de su cuerpo, que permanece estático en la posición anterior de lectura, y la sorpresa que expresan sus ojos y su boja entreabierta logran transmitirnos la profunda emoción que provoca en ella la visión y, en cierto modo, el eco de la voz que la ha inducido a volverse. Una vez más, como ya hizo en el Tondo Doni, Miguel Ángel recurre a la composición helicoidal para dar esa idea de vértigo contenido, de movimiento latente que se percibe a través de la disposición y torsión de los cuerpos, la expresión de los miembros y la mirada de sus personajes.
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En la Sibila délfica, es el mismo cuerpo de la profetisa el que actua a modo de eje de torsión que dinamiza la escena, afectando también a otros elementos de la composición, como las dos figuras que aparecen a su derecha, una de ellas leyendo un escrito y otra asomandose por encima de éste, y ambas con sus cabellos ondulados, como el de la Sibila, en la misma dirección por una invisible brisa o acaso por la inercia del movimiento compositivo. Al contrario de otras figuras femeninas, como la Sibila cumana, la de Delfos muestra su aspecto más femenino, tanto en la delicadeza de sus rasgos, como en su expresión.
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